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Tecnología en la infancia: entre el uso cotidiano y sus efectos en el aprendizaje 

En los últimos años, el uso de la tecnología en la infancia dejó de ser una excepción para convertirse en parte del día a día. Hoy, cada vez más niños tienen acceso a dispositivos desde edades tempranas, lo que ha cambiado la forma en que interactúan, aprenden y se relacionan con su entorno.

El problema no es la tecnología en sí, sino cómo, cuándo y para qué se está usando. En una etapa en la que el cerebro alcanza su mayor nivel de desarrollo y plasticidad, la exposición prolongada a pantallas empieza a mostrar efectos en áreas clave como el lenguaje, la atención y la regulación emocional.

Distintos estudios ya evidencian esta relación, superar las dos horas diarias de pantalla puede aumentar en un 433% el riesgo de retraso en el desarrollo del lenguaje, y a medida que el tiempo de uso crece, esa brecha se amplía. En casos de exposición intensiva, solo el 20,1% de los niños alcanza los hitos de desarrollo del lenguaje esperados para los 5 años.

Este panorama se vuelve más relevante en el contexto actual, donde en Colombia el acceso a dispositivos es cada vez más temprano y frecuente, muchas veces sin supervisión, y para una gran parte de niños y jóvenes las pantallas dejaron de ser un complemento para convertirse en un espacio central de interacción, entretenimiento y, en muchos casos, aprendizaje.

Frente a esto, el debate no se limita a restringir el uso de la tecnología, sino a entender su impacto real en el desarrollo. La tecnología es una herramienta poderosa, pero no es neutra; su efecto depende de cómo, cuándo y para qué se usa. En etapas tempranas, no debería reemplazar procesos fundamentales como la interacción, el juego o la construcción del pensamiento, sino acompañarlos.

Este enfoque ya se está reflejando en decisiones concretas dentro de los colegios. En distintos países, la restricción del uso de celulares ha mostrado mejoras en la concentración, la participación en clase y la interacción social entre estudiantes. Los primeros pilotos en Colombia apuntan en la misma dirección, evidenciando cambios en la atención y una reducción de distracciones dentro del aula.

Más allá de permitir o no dispositivos, el reto para las instituciones educativas está en encontrar un equilibrio, organismos como la UNESCO han insistido en que la tecnología debe integrarse con un propósito claro, orientado a fortalecer la enseñanza y no a reemplazarla.

Limitar el uso de tecnología en el aula, especialmente para estudiantes, no significa dejarla por fuera del entorno escolar. Al contrario, para docentes, equipos administrativos y directores sigue siendo una herramienta clave para optimizar  procesos y facilitar la gestión del día a día. 

En ese escenario, herramientas como mattilda se convierten en un aliado para los directivos de colegios al permitir centralizar la información financiera y administrativa, hacer seguimiento al flujo de ingresos y egresos, y generar alertas tempranas sobre situaciones que requieren atención. Esto les da a los equipos una lectura mucho más clara de su operación, facilita la organización de los recursos y les permite anticiparse a problemas que, sin datos claros, suelen resolverse demasiado tarde. 

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